La vida sigue sorprendiendo a Mari Ángeles Arroyo. Una de las últimas sorpresas le llegó ya jubilada, cuando el alcalde Francisco de la Torre le propuso que se convirtiera en concejala de La Palma-Palmilla, el barrio en el que trabajó como maestra 24 años. "Le dije que me lo tenía que pensar porque ya era más mayor y no sabía si podía dar lo mejor de mí, pero al final acepté y le eché muchas ganas", confiesa.

Esta cordobesa, malagueña de adopción, sabe lo que es pelear desde pequeña. Nacida en 1937, es hija única. "A mi padre no lo conocí, murió con 27 años; era el último reemplazo de la guerra. Mi madre se puso a trabajar y yo fui una niña muy mimada pero con los pies en el suelo porque sabía que tenía que trabajar".
Con 15 años, termina el bachillerato y marcha a Málaga, al colegio de Gamarra, gracias a una beca, para hacer Magisterio de la Iglesia. Mari Ángeles se convierte en maestra rural, la obra de Herrera Oria, con 18 años y durante casi dos décadas trabaja en pedanías de Coín (El Banco), Pizarra (Sierra de Gibralgalia) y en la Estación de Álora. Todavía recuerda su primer día "Fui en burro y con medias, yo pensé que no ganaría para medias, así que hice un truco: me hacía rayitas con el lápiz de labios atrás y luego fui de las pioneras en usar pantalones", cuenta. En ocasiones, pasó años sin luz ni agua, "te tenías que conformar con el cántaro para beber y con el cubo para lavarte" y su horario era más que flexible, continuo: "Maestra rural es levantarte por la mañana, das las clases;?por la tarde a mujeres;?por la noche a adultos que vienen de los campos y luego a poner las inyecciones, porque allí también hacías de médico".
Mari Ángeles busca tiempo para hacer el COU nocturno y sacar el título de diplomada en Ciencias Sociales y en 1977 entra a trabajar en el que será durante 24 años ´su colegio´, el ´26 de febrero´ en La Palma-Palmilla. "Era el último colegio que existía y detrás estaba el campo. Era un barrio de gente humilde, cariñosa y muy familiar", recuerda. En 1980 compagina sus tareas de maestra, enseñando Geografía e Historia, con las de directora. "La gente del colegio hacíamos familia, eran personas que se han entregado al barrio", subraya.
Todavía es posible pasear con Mari Ángeles por La Palma-Palmilla y algunos ex alumnos la siguen conociendo como ´la seño´. De muchos de ellos ha sido testigo de sus avances, convertidos hoy en médicos o abogados; otros, tuvieron problemas y pidieron ayuda a su antigua profesora. "La droga ha hecho mucho daño", dice.
El mundo de la Educación le deparó además la medalla del Trabajo y en 2002, un bulevar con su nombre muy cerca del colegio donde impartió clases. "Fue una de las emociones más grandes", recuerda.
Convertida desde las elecciones municipales en concejala de La Palma-Palmilla, la maestra admite que es una tarea difícil "y de mucha responsabilidad porque aquí hay 37.000 habitantes".
El distrito. Del día a día como concejala a lo que no se acostumbra es a tener un móvil encendido las 24 horas y prefiere el trabajo en el distrito a otros actos oficiales fuera. En estos últimos dos años ha tenido en total seis días de vacaciones, pero confiesa que "aunque son pocos, no me pesan todavía". Lo que sí le pesa es la crisis, que pasa una dura factura al distrito y multiplica los problemas de los vecinos, aunque destaca que el Ayuntamiento "está dando todo lo que puede y más".
Mari Ángeles Arroyo espera que esta segunda vida laboral redunde en la mejora de una zona por la que tanto ha trabajado y anuncia que dentro de un año "se verán las mejoras" gracias a los fondos del plan Zapatero y los participativos del Ayuntamiento, porque a la hora de la inversión no hace distingos políticos: "Da igual de quiénes sean porque los fondos los pagamos todos".
La antigua maestra y directora del ´26 de febrero´ sigue con energía y ánimos en esta nueva tarea. "A mí me han parido así", explica.
ALFONSO VÁZQUEZ. MÁLAGA
Mari Ángeles Arroyo, concejala de La Palma Palmilla, ha sido 20 años maestra rural y otros 20, directora y profesora en el 26 de febrero, el colegio de su distrito
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